Medidas ausentes contra la crisis

Estudiar es muy útil para obligarte a encontrar tiempo para leer sobre temas que, en el día a día, se presentarían como “sí, lo sé, pero el esfuerzo que requiere mi trabajo y mi vida en general ya son suficientes. No me hagas reflexionar sobre eso”. Hablo de la teoría económica, del contexto global… en efecto, de la crisis.

La crisis financiera, la crisis “ninja” (me encanta este calificativo), la crisis de demanda, la crisis del déficit… sí, la crisis que todos conocemos y que, como todos tenemos meridianamente claro, se debe a una burbuja especulativa del sector financiero fomentada por el sistema, exento de los mecanismos regulatorios y de control cuya ausencia ha derivado en la situación actual.

Por primera vez, reconozco, me vi “instado” a leer parte del informe anual del FMI (sólo el “Panorama General”) en el que se habla de cómo la turbulencia financiera lleva a la recesión mundial. Resumiendo: un contexto de acelerado crecimiento, bajos tipos de interés y aumento de precios generalizado llevan a una situación de sobre-endeudamiento general (familias, empresas, estados…) y acumulación del riesgo en el sector financiero (con base en la especulación y la ingeniería de productos financieros) sin los sistemas de control necesarios. Nada nuevo bajo el sol, en definitiva.

También tuve la oportunidad de leer un punto de vista alternativo o, mejor dicho, complementario. Es el caso de un artículo del profesor Navarro, según el cual (entiendo yo) la inestabilidad financiera no es la causa, sino un síntoma. La causa subyacente es la distribución concentrada de la riqueza. Este capital, que se acumula en porcentajes minoritarísimos de la población, busca mayores productividades, lo cual deriva en tensiones especulativas. Ahora sí, esta especulación, en conjunción con la desregularización, nos llevan a burbujas financieras (e inmobiliarias, que también conocemos bien) con una clase trabajadora y media sobre-endeudada gracias a los bajos tipos de interés. Cuando el sistema financiero se tambalea, todos (o la mayoría) quedamos expuestos, sin acceso al crédito, y con un gran desfase entre nuestro verdadero poder adquisitivo y los precios de la cesta de la compra (y la vivienda).

Ambas fuentes hablan también de posibles soluciones. El FMI habla de sanear los balances del sector bancario, restaurar el flujo del crédito y usar estímulos fiscales para recuperar el consumo (y por tanto la inversión, la ocupación…). Totalmente de acuerdo. El profesor Navarro, en cambio, da un enfoque distinto, según el cual la solución pasa por solucionar el tema de la distribución de la renta. Resumiendo: sistema fiscal progresivo y engrandecimiento del sistema público (esto es, aumentar el gasto público, ampliando el estado del bienestar). Entiendo además que esto pasaría por una ampliación de la estructura funcionarial.

Son en definitiva soluciones distintas a problemas distintos (que no independientes). El segundo es, claramente, más ambicioso. El primero, ofrece opciones más accionables. En cualquier caso, no me atrevo entrar a juzgar la idoneidad de ellas. Ambas tienen muchísimo sentido para mí. Sí me atrevo, en cambio, a reflexionar sobre si alguna de ellas se aplica en nuestro país.

Partiendo de la base de mi amplio desconocimiento general sobre la mayoría de las cosas, y echando mano de mi sentido del análisis y la observación, llego a la conclusión de que no se están adoptando soluciones en ninguno de los dos sentidos. El estímulo de la demanda agregada es la única vía de salida de la crisis, pero aún así las políticas de este gobierno no son definidas al respecto. De hecho, en España no estamos luchando contra la crisis de la demanda, sino que nos limitamos a intentar paliar (tarde y mal) el efecto del déficit, que nos lastra día a día. Esto es claramente una gran barrera para cualquier política de estímulo: los recortes en el gasto público (especialmente los relacionados con las infraestructuras) se oponen a las teorías que proponen incrementar este gasto. Por otra parte, el estímulo fiscal es una ilusión con la que soñamos mientras el gobierno aplica subidas de impuestos directos e indirectos que frenan el consumo y las políticas dirigidas a fomentar la actividad y la inversión empresarial brillan por su ausencia.

(¡Elecciones ya!)

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